jueves, 25 de marzo de 2010

THE VIKING LONGSHIP Y STEVE NOON


Lo cierto es que los de Osprey están llegando a un nivel de complejidad que me agrada sobremanera. Sé que es una editorial un tanto criticada por los historiadores serios, por su supuesta falta de profundidad o de análisis. Cierto. No hay análisis en estos libros, y los autores nunca llegan a conclusiones, y la verdad es que tampoco se casan con nadie. Es una Historia descriptiva, si, pero que llega a todo el mundo. Es más yo diría que con Osprey la Historia se democratiza. ¿Cómo es esto? Pues porque los textos son sencillos y directos y eso sin hablar de la calidad de sus ilustraciones. Son libritos fáciles de leer y que encima te entran por los ojos.

Digo lo del nivel de complejidad porque debido al éxito de estas publicaciones, Osprey se está diversificando (hace ya tiempo) y está tirando series especializadas, dentro de la historiografía militar, claro, como Fortress, o New Vanguard, en donde ya no son tan sencillos, sino muy técnicos a la hora de describir fortalezas, barcos o lo que sea, siendo capaces, a mi modo de ver, de satisfacer las exigencias de arquitectos o ingenieros si hiciera falta. Siguen siendo muy descriptivos, pero no cabe duda de que los autores están versados.

El libro del que vamos a hablar es una buena prueba de ello. Me lo compré en una librería muy maja, en Londres, una pasada por cierto, con una sección especial de Osprey de casi media hectárea, vamos que tenían de todo - luego descubriría que en las islas lo de la sección de Osprey es lo habitual -. Total que estaba aburrido, paseando por el centro, y por el precio de tres pintas me agencié este Viking Longship, con la intención de devorármelo esa misma noche, aunque no fue así, porque, ya digo, es complejo el librito.

No conocía ni conozco al autor, cierto Keith Durham, que ha publicado ya antes con Osprey y que escribe Historia como lo hacen todos los ingleses, de modo muy ordenado y clarito, aunque carece de la capacidad de análisis de sus compatriotas, quizá porque escribe para Osprey, pero a cambio es muy técnico. Más que historiador parece ingeniero naval, el amigo.

El texto comienza con la historia de las embarcaciones escandinavas desde la Edad del Bronce, tras una más que breve introducción histórica, y con ejemplos muy concretos como el bellísimo bote de Hjortspring, del 350 a.C y así andando el tiempo hasta el barco de Kvalsund, más de un milenio posterior y precursor de las embarcaciones de época vikinga, como el barco de Oseberg, tan famoso él, y así el autor nos cuenta las características técnicas de estas naves, como fue su descubrimiento, su reconstrucción (todos ellos están perfectamente reconstruidos en museos), peso, altura, anchura, color, material, función, capacidad...y así hasta llegar a los barcos de época normanda, del siglo XI, todo ello con mucha foto, en blanco y negro, eso sí.

Pero hablando de fotos, o más bien de ilustraciones, lo que más me gusta de este libro, sin duda, es el trabajo de Steve Noon, uno de mis ilustradores favoritos. Las páginas centrales son una obra maestra de la ilustración histórica. Yo conocía a este dibujante por sus trabajos en algunas obras para el público juvenil, sobre Egipto y tal, y nunca me llamó la atención, pero ahora creo que es tan bueno como Angus McBride. De hecho Noon ha hecho más trabajos para Osprey. Lo más llamativo de él es el color, un tanto chillón a veces, pero magnífico, y sobre todo la atención al detalle - que lo hace idóneo para dibujar barcos y cosas técnicas – que a mí me recuerda a los pintores flamencos del siglo XV, y que es quizá lo más característico de él, frente a la pincelada suelta de McBride o Gerry Embleton, de una generación anterior. Lo malo de este libro es que solo hay 7 láminas, increíbles pero que a mi me saben a poco. Se ve que es caro el dibujante en cuestión, aunque por lo que me costó, pues no me quejo.

Mi ilustración favorita es la de la nave de Oseberg, que como sabemos fue una embarcación funeraria, para gente principal. La ilustración me recuerda un tanto al cuadro que el pintor polaco Henryk Siemiradzki hizo en el siglo XIX sobre el funeral de un caudillo del Rus, menos romántico, pero perfecto.

miércoles, 10 de marzo de 2010

HISTORIA ÉPICA DE RUSIA (II) Paralelismos


Una de las razones por las que me he animado a recopilar datos sobre la Historia rusa, a parte de por lo comentado en mi anterior entrada sobre el tema, es por la fascinación que sobre mí ejercen los pueblos fronterizos. En el caso ruso, ellos suponen el confín no solo entre Europa y Asia, sino entre la Cristiandad y el Islám, un poco como fue el caso de la España cristiana del Medievo y aún de hoy día, por cuyo territorio pasaba el limes entre Europa y África. La frontera entre los mundos cristiano e islámico.

Es posible que todas las naciones fronterizas estén condenadas a parecerse de algún modo. Aunque el caso de España y Rusia es cosa sabida por la mayoría de los historiadores.
Ambas naciones, ya digo, ocupan los dos confines más expuestos de Europa, los unos al noreste y los otros al suroeste, en contacto directo con pueblos no europeos. Este hecho convierte a los habitantes de ambas naciones en gentes abiertas y permeables a las influencias externas, lo cual les hace incluso hacer gala de una tolerancia y respeto por las culturas foráneas que jamás hubiera tenido un inglés o un francés. A este respecto podemos citar ejemplos concretos como el escándalo que suponía para los caballeros borgoñones que ayudaron a Alfonso VI a tomar Toledo, el hecho de que el rey castellano leonés permitiera a los moros rezar en sus mezquitas tranquilamente, mientras similar respeto mostraron los Rusos tras conquistar ciudades tártaras como Kazán o Astrakhán, ante la mirada atónita de los corresponsales, embajadores y espías (que eran de todo un poco) británicos.

Esta tolerancia de las naciones fronterizas es una realidad incontestable, sin embargo la cercanía con el infiel y con el no europeo produce a la vez otra reacción, un tanto paradójica quizá, y es la cerrazón en sí mismas en pos de mantener una identidad amenazada en todo momento. Precisamente por ello ambas naciones han hecho gala de una religiosidad exacerbada. Los españoles fueron durante siglos el brazo armado de la Cristiandad, defendiendo no solo sus propias fronteras, sino también las ajenas, frente avance del Islám o la herejía, sin pensar en el precio. Mientras que los príncipes moscovitas hicieron de su capital la tercera Roma, y sobre sus espaldas cargaron, sin escatimar, toda la responsabilidad de proteger el cristianismo Ortodoxo y aún expandirlo, tras la caída de Constantinopla frente a los turcos.

A este carácter mesiánico, de sentirse el pueblo elegido para defender y expandir la verdadera fe, hemos de unirle otro elemento, mucho menos sublime, como es la capacidad militar. Como pueblos de frontera estaban acostumbrados no solo a los ataques - como cualquier pueblo europeo - sino a las invasiones también. Así en estos lugares nunca se estaba del todo a salvo. Había que estar siempre a la defensiva, lo cual forjó en estas gentes una mentalidad guerrera, que afectaba a campesinos, clérigos, nobles y reyes por igual. Esta situación de peligro constante les permitió, a rusos y españoles en este caso, no solo reconquistar lo que en su día perdieron a manos del enemigo, sean musulmanes árabes y norteafricanos, o mongoles y tártaros, sino expandirse aún más allá, como guerreros formidables que eran, llegando a construir imperios. Así los rusos, tras tomar Khazán y someter los khanatos del Volga, siguieron aprovechando su potencial guerrero y pronto cruzaron los Urales, para conquistar Siberia - ya no había peligro pero siguieron hacia el este - y en poco tiempo llegaron hasta el mar del Japón. Los españoles hicieron lo propio tras conquistar Granada a los moros, asegurando el estrecho y el norte de África - para impedir nuevas invasiones – y después lanzándose a la aventura indiana. Rusos y españoles conquistaron de esta manera continentes enteros, y además sin casi medios, ya que buena parte del presupuesto de guerra se iba en enfrentamientos costosísimas frente al enemigo europeo, mientras que reyes y zares dejaron en manos de soldados de fortuna empresas que consideraban de menor importancia. De este modo actuaron, para mayor gloria de sus naciones, la hueste indiana por un lado, y los cosacos por otro. En ambos casos los beneficios económicos de estas empresas aventureras apenas pasaban por los tesoros reales, pues iban directamente a los bolsillos de los prestamistas o a pagar a las tropas que combatían en Flandes o el Lituania, mientras, por supuesto, el pueblo no veía un duro.

Cristianismo exacerbado por tanto en los pueblos fronterizos, donde todo giraba en torno a la guerra. Esto siempre fue interpretado por el resto de los europeos como síntoma inequívoco de barbarie y de fanatismo, a la par que de atraso e incultura. Se forja así por tanto una leyenda negra en torno a ambas naciones, en donde normalmente se mezcla la realidad con la calumnia, creando una imagen distorsionada de la Rusia de Iván IV, llamado el Terrible, o de las actuaciones de los castellanos en Indias, por poner dos ejemplos, mientras alemanes, franceses e ingleses, sus instigadores, parecían tener reyes perfectos y guerras sin crueldad, tan europeos ellos.

sábado, 6 de marzo de 2010

UNA LARGA EDAD MEDIA. JACQUES LE GOFF



Nos encontramos ante un libro historiográfico de gran originalidad por sus características y por los temas tratados en él. El volumen en cuestión, no muy grueso con poco más de 200 páginas, es una recopilación de artículos aparecidos en la revista L´Histoire entre 1980 y 2004. Para el que no lo sepa, esta revista sería el equivalente a las publicaciones historiográficas que cada semana aparecen en nuestros quiscos; esas que vienen con librito o con DVD incluido sobre temas variopintos, los fenicios o qué se yo. L´Histoire, eso sí, existe desde finales de los años 70, y se caracteriza por la agudeza de sus artículos, así como por la capacidad de análisis y el rigor científico que muestra.

El libro consta de cuatro partes, que se corresponden con diferentes entrevistas que Jacques Le Goff realizó para esta publicación, y que resumen su pensamiento de una manera clara y muy amena. Tanto es así que lo considero un libro para todos los públicos y niveles culturales, y no solo para historiadores aburridos como puedo ser yo mismo. Lo único que se necesita es un poco de curiosidad por saber qué es la Edad Media y entonces el libro te atrapa, la verdad. Y si encima te enteras, quizá haya gente que no lo sepa, de que su autor, Jacques le Goff es uno de los grandes historiadores de hoy en día, pues quizá sientas que el esfuerzo de leerlo puede servirte para algo. El autor es el último de los grandes medievalistas franceses, y heredero directo de Marc Bloch y Georges Duby, y con la misma talla historiográfica que los belgas Henri Pirenne y François-Luis Ganshof, una joya el tío, que ahí sigue trabajando con sus más de 80 tacos, dándole a la tecla y fumando en pipa, y os juro que no hay libro de él que no haya disfrutado, solo por la capacidad que tiene, de recrear el pasado, en donde te metes y puedes llegar a imaginar como fueron los espacios, los tiempos y las sensaciones que evoca: el olor a incienso de las catedrales, el bullicio de los mercados, la laboriosidad de los campesinos o de los artesanos, el orgullo de los nobles con sus ricas vestimentas o la religiosidad que impregnaba todas las facetas de la vida. Es una manera de historiar, que conjuga y usa sabiamente un montón de ciencias auxiliares como la sociología o la antropología - algo muy típico de la escuela a la que Le Goff pertenece, llamada de los Annales - para lograr la “Historia Total”. Aquella que deja al lector el regusto de haber asistido a un espectáculo completo, no sectorial, de una Edad Media con sus luces y sus sombras.

El libro empieza con un magnífico prologo del autor en donde nos describe las diferentes partes del libro y de que tratan, para que nos hagamos una idea de lo que vamos a leer. En general, no sé si al ser entrevistas y no artículos perfectamente planificados por el autor, los temas que toca son un tanto heterogéneos y se refieren a diferentes facetas de la Edad Media.
De ahí quizá se justifica el largo prólogo, para que el lector no se pierda. Sin embargo tampoco es un conglomerado caótico, ya que el libro es entretenido de por sí, y su composición, a base de preguntas y respuestas nos hace saber en todo momento en dónde nos encontramos. Es como un gran Preguntas Más Frecuentes de la Edad Media, que toca muchos de los puntos clave de este periodo. La religiosidad y el papel de la Iglesia, la guerra, el sentir popular, las mentalidades, el mundo de los valores, el poder o el papel de la mujer. Y con afirmaciones que muy poco tienen que ver con lo que hasta ahora creíamos sobre la Edad Media. Desde luego no es un periodo de luz absoluta, pero ninguno lo fue, y mucho menos nuestro siglo XX y lo que llevamos del XXI. Y como dijo un autor - no me preguntéis quién -, si la Edad Media es la noche, quizá lo sea, pero brillante y llena de estrellas.

domingo, 28 de febrero de 2010

EL PODER POLÍTICO EN LA BAJA EDAD MEDIA (III) Las asambleas representativas


Ya hemos dicho como el rey no ha de responder ni ante papas ni emperadores, y solo ante sus súbditos ha de rendir cuentas. Si bien esto fortalecerá el poder del monarca, a la vez creará una situación novedosa, y es que éste tendrá que tener en cuenta, al menos en teoría, las aspiraciones de los habitantes de su reino, en base a las teorías romanistas y a las posturas que defienden la procedencia popular del poder, y de acuerdo igualmente con los principios de asesoramiento al monarca meramente feudales, como el consilium
Así, en base a los nuevos tiempos, los tres órdenes feudales, o estamentos...nobles, clérigos y pueblo llano, compartirán ahora el mismo escenario en base a la defensa de sus intereses frente al rey, sirviendo a la vez de plataforma para que el monarca pueda lograr el apoyo político y económico necesario para la consumación de sus proyectos.

Hasta ahora tanto nobles como clero hacían valer sus derechos frente al rey, con mayor o menor fortuna, en base al sistema de relaciones feudovasalláticas, mientras el pueblo llano, es decir aquellos que ni luchaban ni rezaban para salvaguardar el orden establecido, no tenía hasta ahora la posibilidad de hacer oír su voz en base a los nuevos tiempos. Esto cambiará notablemente.

El estado llano será, y mucho más en la plena Edad Media, un heterogéneo conglomerado que incluirá desde los grupos de marginados – ladrones, prostitutas, mendigos... – a los burgueses y patricios de las ciudades, enriquecidos al amparo del desarrollo económico plenomedieval. Y serán estos últimos los que acudirán a estas asambleas, junto al rey. Será la burguesía, que dotada a partir del siglo XII de cierta madurez, la que luche por sus intereses e intente abrirse un hueco dentro del cerrado sistema social de la Edad Media.

El surgimiento de la burguesía medieval está íntimamente relacionado con el auge económico y el consiguiente renacimiento urbano que acontece en Europa a partir del siglo XI. En las ciudades había muchos tipos sociales, que entre los más desfavorecidos y el opulento patriciado, incluía toda una gama de artesanos y mercaderes de diversa índole, aunque su característica principal consistía en su condición de libres, o al menos de no estar sujetos a los mismos compromisos que los campesinos. Los reyes y nobles, durante este periodo, intentarán a la vez incentivar el desarrollo urbano en sus dominios, fomentando el flujo comercial y garantizando su seguridad, así como dotando a las ciudades de cierta autonomía, en base a fueros y otras concesiones, que en el fondo reportaban enormes beneficios a los señores y a los monarcas, así como a las elites urbanas locales, que con el tiempo, y mediante estas asambleas, reivindicarán mayor autonomía judicial y administrativa para sus ciudades.

Por lo tanto tenemos un nuevo elemento político: las asambleas representativas, que surgirán a partir de los siglos XII y XIII en buena parte del occidente de Europa, y que aunque no debemos verlas como el origen, ni mucho menos, de las democracias europeas del siglo XX, - no en vano fueron arrinconadas por los monarcas y convertidas en meros símbolos ya en época moderna - sí que hemos de considerarlas como el fruto de la madurez política y social que los reinos del occidente de Europa habían alcanzado durante estos siglos cruciales del Medievo.

miércoles, 24 de febrero de 2010

EL PODER POLÍTICO EN LA BAJA EDAD MEDIA (II) Justificación ideológica


Durante los siglos anteriores a la plena Edad Media, la intelectualidad, la única posible, pertenecía al estamento clerical. Fueron por tanto ellos los que sostuvieron ideológicamente el orden social, económico y político existente. Ellos defenderán la jerarquía reinante mediante la teoría de los tres órdenes, que surge ya en torno al año mil, para justificar todo el orden feudal previo.

Ya en el pleno Medievo, con un orden social más evolucionado, surgen otra vez una serie de intelectuales encargados de dotar de una cobertura ideológica a los nuevos acontecimientos. La mayoría siguen siendo eclesiásticos, aunque tendrán una visión diferente y más acorde con los nuevos tiempos. El redescubrimiento de Aristóteles y la adaptación de sus teorías al pensamiento cristiano por Santo Tomás de Aquino será un buen punto de partida. Ya Juan de Salisbury y sobre todo Enrique Bracton, habían empezado a rebasar los viejos esquemas feudales, y dudaban de la legitimidad del monarca si éste se situaba por encima de las leyes. Surge así cierta separación entre lo estrictamente divino y lo legal. Santo Tomás, conocedor de Aristóteles en base a las traducciones de sus colaboradores San Alberto Magno y Guillermo Moerbeke así como de Averroes y otros sabios musulmanes y judíos, admitía igualmente la existencia de una serie de leyes naturales que regulaban de alguna manera el poder, que residía en la voluntad popular.

A pesar de que todas estas teorías, parecían de alguna manera, restar poder a los monarcas de los diferentes reinos, defendiendo que las leyes naturales estaban por encima del Estado, y que el poder ya no viene de Dios, sino del pueblo, a lo que verdaderamente estamos asistiendo es a una separación entre el poder divino y el poder legal. Así mientras estaba más que superada la posibilidad de que el emperador influyese en un reino concreto, estas nuevas teorías también apartaban al papa y a la Iglesia de inmiscuirse en los asuntos de las diferentes monarquías. Nadie estaba por encima de las leyes naturales. Así Juan de París, ya en el siglo XIV, dirá que la autoridad real se apoya en la voluntad popular y no del pontífice, mientras que Marsilio de Padua hablará incluso de la posibilidad de derrocar al rey si éste no cumple la voluntad del pueblo.

¡Por lo tanto solo ante sus súbditos ha de rendir cuentas el monarca!

Esta nueva situación, que hace al rey independiente de toda influencia exterior, hará a la vez que el soberano tenga que enfrentarse a las contradicciones internas de sus propios reinos. Por un lado tratará de articular y administrar sus dominios con todos los medios a su alcance, mientras intentará contener a una nobleza poderosa, que verá mermados sus privilegios y hará todo lo posible para no perderlos, aún a costa del propio rey. Al mismo tiempo, los habitantes de las ciudades, algunos de ellos enriquecidos enormemente gracias a las actividades comerciales, reclamarán también su lugar dentro del sistema. Por lo tanto, y coincidiendo con la llamada crisis del siglo XIV, asistiremos a una serie de enfrentamientos civiles e internacionales, así como a una serie de reivindicaciones y conflictos sociales que caracterizarán los dos últimos siglos de la Edad Media.

martes, 23 de febrero de 2010

EL PODER POLÍTICO EN LA BAJA EDAD MEDIA (I)


El Medievo es un periodo muy largo, que según la mayoría de los historiadores dura en torno a mil años, es decir desde la caída del Imperio Romano de occidente, a finales del siglo V, hasta la desaparición del de oriente frente a los turcos en 1453. Ni que decir tiene que no debemos imaginar este periodo como un lapso homogéneo y equilibrado que va desde el final de la Antigüedad hasta el Renacimiento. Así, y centrándonos ya en las estructuras políticas, no es comparable el modo de vida y el poder que acaparaba un rey franco en el siglo VI con el de un rey de la Francia del siglo XIII. Así como tampoco podemos comparar al noble normando del siglo XI con un aristócrata inglés del siglo XV.

Así como periodo heterogéneo que es la Edad Media, y en base a la división clásica que de ella se hace, entre alta, plena y baja, nos vamos a centrar en el periodo central, quizá el periodo medieval por excelencia, o al menos el que ejemplifica todos los estereotipos e ideas que la gente tiene sobre esta etapa histórica.

Desde la caída del Imperio Romano, y describiré esto a grandes rasgos, hasta aproximadamente el siglo XII asistimos a una casi completa desaparición del poder central. Nada parecido a Roma queda ya en Europa, y sobre sus ruinas surgen un montón de entidades políticas menores, sin apenas relación entre ellas, en tanto desaparece casi completamente el modo de vida urbano, el comercio y la agricultura basada en los grandes latifundios. A parte, el empobrecimiento cultural es latente en todos los ámbitos. Solo la Iglesia y el sistema de relaciones feudovasalláticas dotarán cierto orden a este caos altomedieval, que salvo el interludio que supuso el Imperio de Carlomagno, durará hasta pasado el año mil.

Durante este periodo que acabamos de describir, en lo que se refiere al poder político, lo más destacable son las luchas que entre Roma y el Imperio van aconteciendo. La vieja lucha entre los papas, que reclaman, como representantes de Dios en la tierra, el poder efectivo sobre la Cristiandad, y los emperadores que hacen lo propio como reyes de reyes que pretenden ser, ungidos por el pontífice, que a través de Dios les entrega la legitimidad para gobernar sobre los reinos cristianos. Así según la ideología imperial del momento el emperador debía centrarse en las tareas reales de gobierno de la Cristiandad, mientras el pontífice debería centrarse en los asuntos estrictamente espirituales. Al césar lo que es del césar.

Andando el tiempo, en lo que llamamos plenitud medieval, a partir del siglo XI, asistimos a una serie de acontecimientos clave que principalmente se relacionan con un auge económico que tiene en la reactivación del comercio, el renacimiento urbano, la mayor productividad agrícola y el auge de la natalidad, sus máximos exponentes. Esto queda reflejado también en la forma de ejercer el poder político. Y es que en la tediosa lucha entre el Papado y el Imperio, ambos poderes salieron muy debilitados en contraposición con las monarquías nacionales. Es decir, con los reyes, que son los que verdaderamente gobernaban sus territorios, siendo la máxima autoridad en sus reinos, sin que ningún pontífice u emperador con ideas rancias y universalistas viniera a decirles lo que debían o tenían que hacer.

Y es que nuevas ideas acompañaban a los nuevos tiempos. Así surge toda una ideología de la mano de los intelectuales de la época, para justificar las nuevas concepciones del poder. Estos estudiosos y eruditos plenomedievales crearán toda una teoría, que romperá con las tesis teológicas previas, creando un incipiente espíritu laico.

domingo, 21 de febrero de 2010

THE SECRET OF KELLS, O EL LIBRO FRENTE A LAS TINIEBLAS



Desconozco la repercusión que esta película ha tenido en España, supongo que nula. Lo que es en Irlanda ha pasado igualmente sin pena ni gloria. Qué gran injusticia.
Me he enterado eso sí, hace poco, que ha sido seleccionada para competir por el Oscar, lo cual, la verdad, indica que siempre hay justos en Sodoma, y que alguien, por allá por California, aún debe de tener algo de espíritu crítico y sobre todo buen gusto.

La película en cuestión nos narra las vicisitudes y aventuras de un chico irlandes que vive en un monasterio, con su tío el abad, en tiempos de las invasiones vikingas. En general todo esta contado de una forma desenfadada y caricaturesca que nos hace, o al menos si fuera niño lo haría, identificarnos con casi todos los personajes que aparecen al principio de la película. Y es que todos son bienintencionados y afables, por lo que tienen rostros y nombres propios. El hermano Sergei, Leonardo, Aidan, y como no el gato Pangur Bán. Mientras que los enemigos no tienen rostro, y son tan solo una masa impersonal cuyo único objetivo es saquear y destruir lo que a ellos, los monjes irlandeses, tanto esfuerzo les ha costado.

El guión es magnífico. Y cuenta la historia de Brendan, y su aprendizaje mediante los contactos que mantiene con sus maestros cristianos, el hermano Aidan de Kells, y paganos, el hada Ashley. Tradiciones nuevas y viejas se funden así en la educación del joven, como hicieron en la Irlanda de la época paganismo y cristianismo forjando su cultura e identidad actual. Brendan tendrá que luchar contra los elementos para lograr su objetivo, que es salvar el Libro de Kells de la rapiña de los nórdicos. El libro que es capaz de transformar las tinieblas en luz. Así la cultura es capaz de iluminar por allá donde pasa. En un periodo de oscuridad, y estando Europa sumida en el caos ante los ataques nórdicos, donde la fragmentación política solo fue el primer paso del empobrecimiento cultural, y de la crisis total, los libros aún escondían entre sus páginas el saber ancestral que permitiría a la humanidad seguir hacia adelante. Y esos libros estaban en peligro ante los ataques vikingos, que tenían entre los monasterios sus objetivos predilectos. Solo Irlanda había estado, por su condición periférica e insular, a salvo de las primeras oleadas bárbaras de los siglo V y VI, por lo que fueron ellos los que guardaron el testigo de la cultura que en el Imperio Romano languidecía. Ahora que la situación, en el siglo IX se repetía (segundas invasiones) Irlanda no tendría tanta suerte. Así, los irlandeses, verdaderos ilustrados altomedievales, guardaron celosamente su saber frente al caos, aquel saber que guardaban en los libros, que copiaban y transmitían con arrojo. Entre ellos, el Libro de Kells, el que ilumina las tinieblas.

Para lograr su objetivo, el joven Brendan contará con la ayuda del hada Ashley, que habita por los bosques que rodean el monasterio. Es curiosa la alianza pagano-cristiana, que se nos muestra además como algo natural. El hecho de que Ashley ayude al joven monje y de que él siempre la tenga en su memoria, a pesar de lo que su religión diga de que las hadas o no existen o que son demonios, es algo que me llamó la atención desde el principio, y que nos hace pensar que el cristianismo en Irlanda asumió de una manera armoniosa y fácil, todas las tradiciones previas, así el paganismo campa a sus anchas por entre los evangelios y ritos varios, pues lo cristiano es una evolución, no una ruptura. Y así ambas tradiciones son caras, aún hoy, de la misma moneda que representa el orbe céltico-irlandés.

Que es para niños, por supuesto, aunque a mí, como adulto no solo me ha hecho pensar, sino disfrutar como lo hubiera hecho si estuviera en mi infancia. A nivel estético es impactante. Sin los pomposos artificios de las películas de animación americanas, aquí vemos un decorado de corte céltico, con trisqueles y entrelazados en movimiento que ascienden y envuelven toda la trama dotándola de una magia singular, mientras la música crea una atmósfera de ensueño, casi fantasmagórica. Es especialmente inolvidable el tema Pangur Bán, que Ashley canta al gato blanco de Aidan. Por cierto, anda por internet la traducción del gaélico al inglés del poema Pangur Bán, escrito en el siglo VIII, y que habla de un monje irlandés y de su gato, leedlo y entenderéis muchas cosas.