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lunes, 2 de enero de 2012

EL FEUDALISMO: VASALLOS Y SIERVOS (2º ESO)

Tradicionalmente, al hablar del mundo feudal, muchas personas confunden el término vasallo con el de siervo. Tanto es así, que cuando una persona está sometida a otra en una situación de desigualdad, como un empleado a un jefe, por ejemplo, o un ciudadano cualquiera a los intereses de un gran banco, decimos que es su vasallo. Así, la palabra vasallo ha pasado a designar a alguien que está esclavizado y que nada o muy poco puede hacer para remediar su situación.

En la Edad Media sin embargo, el término vasallo tenía un significado diferente. Los vasallos solían ser señores, es decir, gente poderosa (tanto nobles como clérigos) que estaban al servicio de otros señores igualmente poderosos. Así, hasta los propios reyes podían llegar a ser vasallos del emperador o del papa, e incluso de otros reyes. Un ejemplo claro serían los reyes de Inglaterra, que desde el siglo XI fueron vasallos de los reyes de Francia. A todo este conglomerado de relaciones entre señores podemos llamarlo sistema feudo – vasallático, y que consistía en lo siguiente:

Un noble se hace vasallo de otro, normalmente más poderoso, y se compromete a ayudarle cuando lo necesite. En la guerra sobre todo. A cambio el señor más poderoso, entrega a su vasallo un  feudo. El feudo solía ser una extensión de tierra, que incluía un castillo, y una serie de zonas para el cultivo, en donde vivían campesinos en pequeñas aldeas. Todo esto es lo que daba el señor a su vasallo a cambio de su fidelidad.

Otra cosa son los siervos. Éstos iban incluidos en el lote que hemos llamado feudo, y solían ser los campesinos que vivían en las diferentes aldeas alrededor del castillo, aunque no todos trabajaban la tierra, ya que algunos vivían directamente en la casa del señor, haciendo tareas domésticas. Los siervos, las más de las veces, vivían en una situación cercana a la esclavitud, y estaban obligados a pagar una renta al señor. Normalmente no podían abandonar la tierra, y además debían pagar otra serie de impuestos si querían utilizar el horno o el molino. Era como una especie de alquiler que había que pagar al señor a cambio de que éste te dejara vivir en sus tierras.

Esta situación tan penosa en la que vivía el campesino duró buena parte de la Edad Media, al menos hasta que surgieron las primeras grandes ciudades medievales, que eran normalmente lugares abiertos y en donde algunos campesinos lograron instalarse, haciéndose herreros, panaderos o carpinteros, y además lejos de la influencia del señor, aunque para que esto ocurra, aún deberán pasar algunos siglos.

sábado, 17 de diciembre de 2011

LIBROS SOBRE MITOLOGÍA CELTA QUE ESTUDIAREMOS (1º ESO)





Cualquier persona de entre 10 y 15 años que quiera iniciarse en esto de la mitología celta, debe saber que hay un sin fin de libros muy interesantes.

Algunos de estos libros reproducen de alguna manera textos originales, es decir, aquellos que escribieron los monjes irlandeses y galeses recopilando las leyendas de sus antepasados. 
 Desgraciadamente la 
mayoría de las obras de este grupo son tan cultas que podrían resultar aburridas para estudiantes de la ESO, por ello es mejor que las estudiemos y hablemos de ellas en clase, y el profesor ya sabrá hacerlas entretenidas.

De todos modos, pronto publicaré una entrada que hablará sobre libros más adecuados para vuestra edad. Más “entretenidos” digamos, en donde las historias son amenas y en donde podréis encontrar mapas e interesantes dibujos.

Volvamos mientras al primer grupo, con aquellos libros que reproducen tratados originales escritos por monjes y otros eruditos. 

Un libro muy interesante, que narra las sucesivas invasiones que sufrió Irlanda desde los tiempos del Diluvio, es el Libro de las Invasiones (Lebor Gabála) , que narra, entre otras, las aventuras de los Tuatha de Danann (que hoy son las hadas y personajes del mundo subterráneo que viven en Irlanda) y su lucha contra el terrible y oscuro pueblo de los Fomorianos. Así mismo habla también de la llegada de la quinta invasión, la de los Milesios, valientes y orgullosos guerreros que llegaron a la isla procedentes de España. A pesar de que lo que cuenta este libro no fue real, el Libro de las Invasiones está considerado como una obra imprescindible si se quiere conocer el mundo legendario de los celtas.

El Ciclo del Ulster es otra de las grandes obras que no debemos olvidar. En ella se cuentan las aventuras del mejor guerrero irlandés de todos los tiempos, Cuchulainn, que vivirá bajo el reinado de Conchobar Mac Nessa, uno de los reyes del Ulster (la provincia situada más al norte de Irlanda). El conjunto de historias del Ciclo del Ulster recuerdan a veces a la Iliada y a la Odisea, aunque tiene elementos típicamente celtas como la aparición de bardos y druidas, o la práctica del robo de ganado, tan popular que se consideraba poco menos que un deporte. 

El Ciclo de Fenian es otro conjunto de textos imprescindibles. Narra la historia de Fionn Mac Cumhall y de sus increíbles hazañas. Fionn era el líder de un grupo de guerreros valerosos llamados fenianos (fianna, en irlandés antiguo). Los fenianos eran guerreros que no pertenecían a ningún clan o tribu, y que luchaban por su cuenta, según sus propias leyes. Eran mercenarios y bandidos, que en determinados momentos podían ser contratados por algunos reyes para luchar contra enemigos concretos. No todo el mundo podía ser un feniano, pues debían ser hombres capaces de hacer cosas increíbles, y de pasar pruebas muy difíciles. Algunas de las proezas de Fionn Mac Cumhall y sus fenianos inspiraron después muchas de las historias del rey Arturo y sus caballeros, como veremos.

La colección de relatos que forma el Mabinogion es otra obra fundamental. Fue escrito por monjes galeses ya en la Edad Media, y mezcla la tradición céltica pagana, con las nuevas tradiciones cristianas. Se divide en cuatro partes, que son las llamadas “Cuatro ramas”, que cuentan la historia de Pwyll, señor de Dyfed, en Gales, y sus relaciones con Irlanda y otras regiones. Estos relatos, a la vez que entretenidos, nos dan muchas pistas sobre cómo vivían las gentes de estos remotos lugares de las islas británicas, que ya en plena Edad Media, constituyeron, como sabemos, el último reducto de los celtas.

En cuanto al último de los héroes celtas, Arturo, hay innumerables obras, cuentos, poemas y relatos sobre su figura. Nosotros, que nos limitaremos en clase a introducir tan solo al personaje, estudiaremos por encima la obra, imprescindible, de Geoffrey de Monmouth, que en el siglo XII escribió un libro titulado Historia de los reyes de Britania, y que recopila antiguas leyendas artúricas y las mezcla con cosas que él mismo inventa. Así, tenemos a un verdadero héroe, a caballo entre el antiguo mundo celta precristiano y la Edad Media caballeresca. También estudiaremos a otros autores importantes que hablaron sobre este tema, y que son el francés Chrétien de Troyes y el inglés Sir Thomas Malory. Tanto nombre y tanto libro raro no debe, sin embargo, hacernos pensar que la historia de Arturo es aburrida, si no nadie hubiera escrito tanto sobre él, ni se hubieran dibujado tantos comics o hecho tantas películas ¿no creéis?

domingo, 11 de diciembre de 2011

MITOS Y LEYENDAS CELTAS (1º ESO)





A pesar de ser menos conocida que lo clásica, no debemos olvidar la importancia de la mitología celta. Sus historias de dioses y héroes legendarios no tienen nada que envidiar a los mitos grecolatinos, y en cierto modo están más elaborados que los mitos germánicos, a pesar de que éstos perduraron en el tiempo hasta bien entrada la Edad Media.

Es cierto que los mitos grecolatinos están hoy presentes en casi todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana, desde el cine y el cómic, hasta la literatura o la pintura. Sin embargo esto no debe restar importancia a las leyendas celtas, que de alguna manera también están presentes en el siglo XXI. 

¿Quién no conoce las leyendas del rey Arturo o del mago Merlín? ¿Quién no ha oído o leído historias de elfos o duendes? Por no hablar de muchos de los cuentos de hadas que conocemos, o las historias de caballeros andantes en las cuales se inspiró Cervantes para escribir el Quijote, los cuentos de amores imposibles como la de Tristán e Isolda o las narraciones sobre búsquedas interminables como la del Santo Grial. 

Los celtas son un pueblo europeo que estuvo asentado en buena parte de lo que hoy es Europa occidental, así en su momento de máxima expansión ocupaba parte de los territorios de las actuales España y Portugal, norte de Italia, Suiza, sur de Alemania, Bélgica, Francia y también las islas británicas. El hecho de que este pueblo ocupara un territorio tan amplio no quiere decir que formaran un imperio, como sí hacían los romanos por aquel tiempo. Ellos sabían que formaban parte de una misma cultura, sin embargo estaban divididos en un sin fin de tribus y reinos, y las guerras entre ellos eran algo habitual. Quizá por ello, los celtas eran grandes guerreros, y dieron muchos quebraderos de cabeza a sus enemigos, que eran, como siempre suele ocurrir, sus vecinos, es decir, los germanos y los romanos. 

Había dos tipos de pueblos celtas, por así decirlo: 

El primer grupo lo formaban aquellos que vivían en el continente, a saber, los galos, los belgas o los celtíberos entre otros. Estos celtas continentales desaparecieron, digamos, al ser conquistados por los romanos, que después de su victoria construyeron acueductos, puentes y calzadas, así como ciudades, haciendo que estos territorios pasaran a formar parte del imperio romano. Por eso hoy en día en Francia (donde estaban los irreductibles galos) se habla francés, que viene de la lengua que hablaban los romanos, el latín. Lo mismo ocurrió en la península ibérica, por lo que hoy apenas sabemos nada de nuestros valientes celtíberos.

El segundo grupo estaba compuesto por los celtas que cruzaron el canal de la Mancha y pasaron a las islas británicas, que como sabemos hoy día comprenden dos países diferentes, Gran Bretaña e Irlanda. A esta región europea los romanos llegaron mucho más tarde, al ser islas y además lejanas, y cuando lo hicieron, no dejaron una huella tan profunda como en Francia o España, por lo que los celtas que allí vivían no se extinguieron. Además, Irlanda y Escocia, entre otras regiones, jamás formaron parte del imperio Romano, con lo que sus habitantes pudieron seguir con sus costumbres varios siglos más. Incluso una vez cristianizados, las antiguas leyendas paganas siguieron vivas de alguna manera. Es más, fueron los propios monjes celtas quienes durante la Edad Media recopilaron los mitos de sus antepasados, poniéndolos por escrito en libros maravillosamente decorados, gracias a los cuales hoy día conocemos muchas cosas sobre su mitología. 

Los monjes celtas creían que la voluntad de Dios podía cambiarse si ponías mucho empeño en algo y lo deseabas mucho. Ellos pensaban que si eras capaz de hacer algo realmente fuera de lo normal, podrías cambiar tu destino. De ahí que siempre estuvieran viajando por el mundo en busca de nuevas tierras que evangelizar o recopilando viejas leyendas con fervor incansable. En este sentido eran herederos de los grandes guerreros celtas, como Cuchulainn o Arturo, que con sus proezas lograron cambiar el mundo mágico en el que vivieron.

domingo, 13 de noviembre de 2011

LOS MUSULMANES CONQUISTAN LA PENÍNSULA IBÉRICA (2º ESO)





El periodo medieval tiene en España unas características muy diferentes a las del resto de Europa, ya que, en nuestro caso, estará marcado por la presencia musulmana, lo cual hará que nuestra Edad Media sea realmente original, a la par que fascinante.

¿Cómo comenzó todo? O mejor dicho, ¿cómo y por qué llegaron los musulmanes hasta la península ibérica? Pues bien, debemos situarnos en el contexto de la expansión del Islám. Ya sabemos que en el 632 muere Mahoma en la Meca, es decir en Arabia, y que a raíz de este acontecimiento, los musulmanes, fortalecidos por sus nuevas creencias y deseosos de darlas a conocer, se expandieron por buena parte del mundo, llegando hasta los confines de la India por el este y hasta el norte de África por el oeste. Cuando estaban en el actual Marruecos, que ya sabemos que está a tan solo unos kilómetros de nuestras costas, les llegaron noticias de la situación de la península y decidieron cruzar el estrecho, para así continuar su expansión, en este caso por Europa.

Ya sabemos que Europa en aquel momento estaba dividida en diferentes reinos bárbaros, que, como sabemos, no habían conseguido un grado de desarrollo tan importante como los romanos o los bizantinos. Tan solo los francos, sobre todo a raíz de la instauración del imperio carolingio, eran lo suficientemente poderosos para hacer frente a una amenaza exterior -de hecho así lo demostraron cuando detuvieron a los musulmanes en Poitiers en el 732 -. El reino bárbaro que había en nuestra península era el de los visigodos, como sabemos. ¿Eran los godos lo suficientemente fuertes para detener la oleada imparable del Islám como hicieron los francos? Pues no, y vamos a ver por qué.

Para empezar, la mayoría de los habitantes de la península eran gentes de costumbres romanas, o sea, que hablaban latín y eran cristianos, básicamente, mientras que los godos eran la minoría gobernante. La elite, digamos, que no era muy bien vista por la población, debido a las continuas guerras civiles que asolaban su territorio y a los altos impuestos que debían de pagar. Peor estaban los judíos, de los cuales había unos cuantos también, y a los que se privó de todo tipo de derechos. Además de godos, romanos y judíos, debemos hablar de los pueblos norteños que eran tribus belicosas y celosas de su independencia. Al llegar los musulmanes, serán estas tribus las que primero plantarán cara al invasor con éxito, como antes hicieron contra romanos y godos.

Con este panorama no es de extrañar que los musulmanes pensaran que el reino visigodo era una presa fácil. Si en la península ibérica no eran capaces de gobernarse a sí mismos, difícilmente iban a poder defenderse.





viernes, 21 de octubre de 2011

CARACTERÍSTICAS DEL ARTE ISLÁMICO (2º ESO)








El arte islámico se inicia a partir del 622, que como sabemos es la fecha en la cual Mahoma huye de la Meca hacia Medina.

Los musulmanes eran, muchos de ellos,  pueblos nómadas del desierto, por lo que no habían tenido la posibilidad de elaborar un arte propio importante, como sí habían hecho los romanos, sus herederos bizantinos o incluso los bárbaros de occidente. Esto cambia después de la muerte de Mahoma (630), ya que las tribus de Arabia se expandirán más allá de sus fronteras inspirados por el espíritu de la Yihad o guerra santa, pasando pronto a dominar otros pueblos como los persas o los bizantinos.

Tenemos por lo tanto a gentes guerreras del desierto que de pronto tienen que gobernar extensos territorios, por lo que deberán construir palacios, cuarteles, y por supuesto mezquitas.

Pero, ¿cómo iban a construir todas esas cosas sin tener un arte propio?, ¿qué estilos utilizarían? Pues bien, lo que los árabes harán será adaptarse al arte de las distintas zonas sometidas. Es como si les copiaran un poco. Así en las regiones bizantinas construirán mezquitas de estilo greco – romano, como por ejemplo la de Damasco, en Siria, y en Persia harán lo mismo. Incluso en España imitarán el estilo de los visigodos, utilizando el arco de herradura (como vemos en la mezquita de Córdoba por ejemplo) que era típico de este pueblo germánico. Esto no quiere decir que fueran unos meros imitadores, sino que tomarán como modelo el arte de los pueblos conquistados para luego elaborar uno propio y realmente original.

Otra característica importante del arte islámico es la pobreza de los materiales que usan. Ellos son pueblos del desierto, como hemos dicho, y allí no tenían la posibilidad de construir con piedra o mármol como los romanos o los bizantinos, así que usarán materiales más baratos como el ladrillo o el yeso. Pero esto no quiere decir que sus edificios fueran simples o antiestéticos, si no todo lo contrario, ya que los musulmanes decorarán mucho sus construcciones para que no se note la pobreza de los materiales. Esta exacerbación decorativa se notará sobre todo en el interior de sus edificios, ya que por fuera no son demasiado llamativos, sin embargo la sorpresa está dentro, en donde lo decorativo lo invadirá todo. Los temas de esta decoración suelen ser de carácter vegetal presentados de forma estilizada (atauriques), de trazado epigráfico (formando letras), también geométrico con dibujos de lazo (lacería), destacando también la decoración de sebka (a base de rombos mixtilíneos).

Este decorativismo tan recargado les lleva a utilizar muchos tipos de arcos, con diferentes formas: arcos de herradura, lobulados, mixtilíneos o de medio punto peraltados son los más importantes. Fijaos qué diferencia con los romanos, bizantinos o carolingios, que usaban el arco de medio punto casi en exclusiva.

Una última característica del arte musulmán será el uso de la bóveda, la cual será para ellos muy fácil de construir debido a que los materiales que usan (por ser pobres) son muy ligeros. Así habrá muchos tipos, aunque los más importantes serán la bóveda de crucería califal y la de mocárabes (cuya decoración parece imitar las estalactitas de las cuevas).

viernes, 14 de octubre de 2011

LA VIDA EN EL DESIERTO DE ARABIA (2º ESO)










Contrariamente a los árabes sedentarios que viven en ciudades como Medina o la Meca, dedicados principalmente al comercio, o aquellos que viven en las regiones del sur, como Yemen, cuyo escaso pero suficiente régimen de lluvias permite cierta agricultura, las gentes del desierto, los beduínos, son nómadas, es decir, van de un lado a otro en busca de los mejores pastos para su ganado y a la vez luchan entre sí por el control de los pozos de agua.

El agua es el verdadero oro del desierto, pues permite no solo crecer los pastos, sino dar de beber a hombres y animales. Tanto es así, que allá donde hay un pozo suele establecerse un campamento permanente. No debemos confundir los pozos con los oasis. Los primeros son excavados artificialmente por el hombre y pueden sobrepasar los 70 metros de profundidad. En los oasis por el contrario, el agua brota de manera natural, y en sus márgenes suelen surgir aldeas y ciudades en donde los beduínos van a abastecerse y a intercambiar productos.

El beduíno conoce muy bien el desierto, aunque su vida es muy dura, ya que está condenado a peregrinar de pozo en pozo para subsistir. Es un medio muy difícil, por lo que los nómadas a veces pasaban hambre y necesidades, llegando a extremos como el infanticidio femenino. Esto sin embargo les hacía resistentes y orgullosos, así como grandes guerreros.

Su carácter belicoso presidía también sus relaciones con otros pueblos:

Así, frente a los sedentarios ejercían funciones protectoras a cambio de un tributo, lo que hoy conoceríamos como extorsión, o sea, dame dátiles, tejidos, harinas etc. y yo a cambio simplemente no te ataco ni destruyo tu aldea. Este tipo de protección también se extendía a las caravanas, que traían productos exóticos de sitios lejanos como Persia o incluso China. El sistema era el mismo: págame para que no te robe, mientras te defiendo de los ladrones – que suelen ser así mismo beduínos como ellos -.

A parte de estas funciones protectoras  - de tipo mafioso que diríamos hoy -, a veces atacaban directamente a las caravanas o a otras tribus nómadas. Es lo que se conoce como algara (palabra que significa ataque o incursión rápida) y que es una de tantas palabras de origen árabe que usamos hoy en nuestro castellano. Las algaras se basan en el elemento sorpresa, a fin de robar ganado o personas, mujeres y niños por los que luego pedirían rescate o bien venderían como esclavos.

Esta forma de hacer la guerra, rápida y por sorpresa, es la que permitió a los árabes expandir su nueva religión, el Islám, más allá de sus fronteras con gran rapidez, así apenas un siglo después de la muerte de Mahoma (632), los musulmanes controlaban los territorios que iban desde la península ibérica hasta la India, incluyendo el norte de África, y gran parte de los imperios bizantino y persa.