jueves, 2 de junio de 2011

HENRY KAMEN Y EL IMPERIO ESPAÑOL


 




Como todos los hispanistas, Henry Kamen, junto con Parker, Elliot o Preston entre otros, son muchas veces de gran utilidad tanto para la historiografía española como para todos los que disfrutamos la Historia o tenemos ciertas inquietudes culturales. Su labor consiste principalmente en abrirnos los ojos y ofrecernos, a los españoles, una visión menos apasionada y con diferente perspectiva de nuestro pasado, algo muy necesario en estos tiempos de manipulación por parte de pseudohistoriadores y periodistas que dicen ser historiadores, que hacen y deshacen nuestra memoria a placer, muchas veces además con el beneplácito o pasividad de los poderes públicos.

Esto no quiere decir que sea oro todo lo que reluce, y que los hispanistas estén en posesión de la verdad absoluta. Pero sí es cierto que muchas veces da un poco de vergüenza que tengan que venir aquí los ingleses a poner orden en nuestras cosas con ideas frescas y claras mientras nuestros historiadores aún discuten sobre el sexo de los ángeles, por así decirlo.

Mr Kamen quizá sea el hispanista más conocido, y también el más asequible al gran público. Pero ya he dicho que no es oro todo lo que reluce.

Concretamente me gustaría reseñar uno de sus libros más famosos: Spain´s Road To Empire, (traducido en nuestro país como Imperio), y que dejó desde el momento de su publicación algunos detractores por sus polémicas afirmaciones, llegando a decir que no podemos hablar de “conquista” de América, entre otras cosas.

Para empezar me gustaría decir que el libro en cuestión es muy ameno y de fácil lectura, y que ofrece una visión muy interesante - y personal - de la Historia de España desde los Reyes Católicos hasta el reinado de Carlos III. Vaya eso por delante. Sin embargo la impresión que he tenido según leía sus páginas es la de cierta necesidad, por parte del autor, de desmontar, una tras una, todas las premisas sobre las que se fundamenta nuestra Historia. Esto puede ser positivo, pues echa por tierra muchos mitos, sin embargo denoto cierto ensañamiento, muy sutil, no tanto contra el Imperio en sí - que como Kamen bien dice estaba formado por muchas naciones – sino contra los españoles en particular, y más concretamente contra aquellos que conformaban la vieja Castilla - la cultura hegemónica peninsular en aquel momento – ya sean castellanos, extremeños o andaluces, es decir, castellanoparlantes. Así minimiza su actuación en la conquista de América en todo momento, a favor de los aliados indígenas, siendo también más benévolo con otros peninsulares como los catalanes y portugueses en lo que a asuntos europeos se refiere, negando así a la Península una identidad común, que si bien no se manifestaba aún en lo político, sí existía en la mentalidad de muchos de los hombres que poblaron el solar ibérico, desde Marcial a Isidoro de Sevilla, y así hasta Cervantes o Jovellanos.

Ejemplos de que los españoles no estaban solos en la construcción del imperio abundan en toda la obra. Así la conquista de México solo fue posible gracias a la ayuda de los tlaxcatecas entre otros, y el sometimiento de los mayas ha de agradecerse a los guerreros nahuas, a parte de que las elites locales muchas veces colaboraron y ayudaron de buena fe a los conquistadores, los cuales, por sí solos, no habrían hecho nada, y esto es muy cierto, sin embargo apenas se menciona la capacidad organizativa, logística y diplomática de los peninsulares, mientras que su evidente superioridad militar queda atenuada en el texto, ya que Mr Kamen dice que las armas de fuego y los caballos fueron usados más como un arma intimidatoria que real, y que, si acaso, fueron las enfermedades europeas las que diezmaron a la población indígena - viejo mito que no desmonta y que saca de contexto – más que la pericia militar de unos hombres que según el hispanista no eran ni siquiera soldados, sino artesanos, campesinos, marineros, comerciantes o notarios. Supongo que se refiere en este punto a que no eran militares profesionales, como los tercios, pero yo creo que los que conformaban la hueste indiana fueron tan valientes, despiadados y crueles como cualquier guerrero, llámese soldado o no.

Hablando de Europa, Mr Kamen ensalza la multinacionalidad del Imperio, que estaba formado también por catalanes, italianos, portugueses, flamencos o alemanes. Fue la colaboración internacional la que hizo posible esta gran empresa, así muchas de las conquistas fueron posible gracias a la ayuda - desde luego no desinteresada - de banqueros extranjeros, mientras que afirma que los mejores generales del imperio fueron italianos como Farnesio o Spínola o alemanes como Juan de Austria. Este último sin embargo, aunque nacido en Ratisbona, vino a España con cinco años por deseo expreso de su padre el emperador Carlos, y se crió en un castillo cercano a Valladolid con preceptores españoles y completó su educación más tarde en la Universidad de Alcalá de Henares, en donde coincidió, por cierto, con el ya citado Farnesio, nieto del emperador - y sobrino suyo -. Otros grandes generales como Gonzalo Fernández de Córdoba o el propio Cortés nacieron directamente en suelo hispano.

Algo positivo, sin embargo, de la obra de Kamen es que a la hora de abordar las muchas derrotas sufridas por el imperio en cuestión, sigue insistiendo en la presencia y colaboración de otros pueblos y naciones. Vamos, que si Lepanto no fue una victoria únicamente española, tampoco fueron fracasos exclusivos de los peninsulares los sucesos de la Gran Armada, la Noche Triste o la fallida expedición contra Argel de 1541 – por poner tres ejemplos – en donde Mr Kamen deja muy claro que de las 65 galeras que conformaban la expedición, 12.000 marineros y 24.000 soldados, dos tercios serían italianos y alemanes, mientras que las fuerzas españolas harían el tercio restante bajo las órdenes del condottiero Ferrante Gonzaga.

En general, podemos decir que, según Kamen lo que conocemos como imperio español no fue una empresa única de los peninsulares, sino que la colaboración de otras gentes fue fundamental. Esto queda patente sobre todo cuando habla de la conquista de América, en donde la colaboración indígena fue crucial. Sin embargo yo opino que todos los imperios se construyen con la ayuda de otros pueblos y nadie duda de su legitimidad. Roma siempre contó con tropas auxiliares en sus legiones, llegando a veces éstas a representar un número muy superior al de ciudadanos propiamente dichos, y contó en muchas ocasiones con la colaboración de las elites de los pueblos que conquistaba, sin embargo nadie resta a Roma su importancia. Los carolingios contaron en su Escuela Palatina con sabios y colaboradores de toda Europa como Alcuíno de York, Pedro de Pisa o Juan Escoto Erígena, lo cual es siempre bueno, sin emnabrgo nadie discute el carácter franco y germánico del imperio fundado por Carlomagno. Si hablamos del imperio ruso, al que Kamen saca muy sabiamente muchos parecidos con el español, su expansión por Siberia hasta llegar al mar del Japón contó también con la ayuda de otros pueblos que en aquel tiempo, siglo XVI, no podían ser considerados como rusos – o más propiamente moscovitas – como los tártaros o los cosacos. Respecto a estos últimos, Mr Kamen tampoco los llamaría soldados sino campesinos, teniendo en cuenta que se pasaban buena parte del año buscando pastos o cultivando las fértiles tierras de la estepa, sin embargo esos campesinos echaron sobre sus espaldas buena parte de la conquista del imperio más extenso de la Historia, y desde mi punto de vista fueron unos guerreros formidables. Se los llame o no soldados.