sábado, 17 de diciembre de 2011

LIBROS SOBRE MITOLOGÍA CELTA QUE ESTUDIAREMOS (1º ESO)





Cualquier persona de entre 10 y 15 años que quiera iniciarse en esto de la mitología celta, debe saber que hay un sin fin de libros muy interesantes.

Algunos de estos libros reproducen de alguna manera textos originales, es decir, aquellos que escribieron los monjes irlandeses y galeses recopilando las leyendas de sus antepasados. 
 Desgraciadamente la 
mayoría de las obras de este grupo son tan cultas que podrían resultar aburridas para estudiantes de la ESO, por ello es mejor que las estudiemos y hablemos de ellas en clase, y el profesor ya sabrá hacerlas entretenidas.

De todos modos, pronto publicaré una entrada que hablará sobre libros más adecuados para vuestra edad. Más “entretenidos” digamos, en donde las historias son amenas y en donde podréis encontrar mapas e interesantes dibujos.

Volvamos mientras al primer grupo, con aquellos libros que reproducen tratados originales escritos por monjes y otros eruditos. 

Un libro muy interesante, que narra las sucesivas invasiones que sufrió Irlanda desde los tiempos del Diluvio, es el Libro de las Invasiones (Lebor Gabála) , que narra, entre otras, las aventuras de los Tuatha de Danann (que hoy son las hadas y personajes del mundo subterráneo que viven en Irlanda) y su lucha contra el terrible y oscuro pueblo de los Fomorianos. Así mismo habla también de la llegada de la quinta invasión, la de los Milesios, valientes y orgullosos guerreros que llegaron a la isla procedentes de España. A pesar de que lo que cuenta este libro no fue real, el Libro de las Invasiones está considerado como una obra imprescindible si se quiere conocer el mundo legendario de los celtas.

El Ciclo del Ulster es otra de las grandes obras que no debemos olvidar. En ella se cuentan las aventuras del mejor guerrero irlandés de todos los tiempos, Cuchulainn, que vivirá bajo el reinado de Conchobar Mac Nessa, uno de los reyes del Ulster (la provincia situada más al norte de Irlanda). El conjunto de historias del Ciclo del Ulster recuerdan a veces a la Iliada y a la Odisea, aunque tiene elementos típicamente celtas como la aparición de bardos y druidas, o la práctica del robo de ganado, tan popular que se consideraba poco menos que un deporte. 

El Ciclo de Fenian es otro conjunto de textos imprescindibles. Narra la historia de Fionn Mac Cumhall y de sus increíbles hazañas. Fionn era el líder de un grupo de guerreros valerosos llamados fenianos (fianna, en irlandés antiguo). Los fenianos eran guerreros que no pertenecían a ningún clan o tribu, y que luchaban por su cuenta, según sus propias leyes. Eran mercenarios y bandidos, que en determinados momentos podían ser contratados por algunos reyes para luchar contra enemigos concretos. No todo el mundo podía ser un feniano, pues debían ser hombres capaces de hacer cosas increíbles, y de pasar pruebas muy difíciles. Algunas de las proezas de Fionn Mac Cumhall y sus fenianos inspiraron después muchas de las historias del rey Arturo y sus caballeros, como veremos.

La colección de relatos que forma el Mabinogion es otra obra fundamental. Fue escrito por monjes galeses ya en la Edad Media, y mezcla la tradición céltica pagana, con las nuevas tradiciones cristianas. Se divide en cuatro partes, que son las llamadas “Cuatro ramas”, que cuentan la historia de Pwyll, señor de Dyfed, en Gales, y sus relaciones con Irlanda y otras regiones. Estos relatos, a la vez que entretenidos, nos dan muchas pistas sobre cómo vivían las gentes de estos remotos lugares de las islas británicas, que ya en plena Edad Media, constituyeron, como sabemos, el último reducto de los celtas.

En cuanto al último de los héroes celtas, Arturo, hay innumerables obras, cuentos, poemas y relatos sobre su figura. Nosotros, que nos limitaremos en clase a introducir tan solo al personaje, estudiaremos por encima la obra, imprescindible, de Geoffrey de Monmouth, que en el siglo XII escribió un libro titulado Historia de los reyes de Britania, y que recopila antiguas leyendas artúricas y las mezcla con cosas que él mismo inventa. Así, tenemos a un verdadero héroe, a caballo entre el antiguo mundo celta precristiano y la Edad Media caballeresca. También estudiaremos a otros autores importantes que hablaron sobre este tema, y que son el francés Chrétien de Troyes y el inglés Sir Thomas Malory. Tanto nombre y tanto libro raro no debe, sin embargo, hacernos pensar que la historia de Arturo es aburrida, si no nadie hubiera escrito tanto sobre él, ni se hubieran dibujado tantos comics o hecho tantas películas ¿no creéis?

domingo, 11 de diciembre de 2011

MITOS Y LEYENDAS CELTAS (1º ESO)





A pesar de ser menos conocida que lo clásica, no debemos olvidar la importancia de la mitología celta. Sus historias de dioses y héroes legendarios no tienen nada que envidiar a los mitos grecolatinos, y en cierto modo están más elaborados que los mitos germánicos, a pesar de que éstos perduraron en el tiempo hasta bien entrada la Edad Media.

Es cierto que los mitos grecolatinos están hoy presentes en casi todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana, desde el cine y el cómic, hasta la literatura o la pintura. Sin embargo esto no debe restar importancia a las leyendas celtas, que de alguna manera también están presentes en el siglo XXI. 

¿Quién no conoce las leyendas del rey Arturo o del mago Merlín? ¿Quién no ha oído o leído historias de elfos o duendes? Por no hablar de muchos de los cuentos de hadas que conocemos, o las historias de caballeros andantes en las cuales se inspiró Cervantes para escribir el Quijote, los cuentos de amores imposibles como la de Tristán e Isolda o las narraciones sobre búsquedas interminables como la del Santo Grial. 

Los celtas son un pueblo europeo que estuvo asentado en buena parte de lo que hoy es Europa occidental, así en su momento de máxima expansión ocupaba parte de los territorios de las actuales España y Portugal, norte de Italia, Suiza, sur de Alemania, Bélgica, Francia y también las islas británicas. El hecho de que este pueblo ocupara un territorio tan amplio no quiere decir que formaran un imperio, como sí hacían los romanos por aquel tiempo. Ellos sabían que formaban parte de una misma cultura, sin embargo estaban divididos en un sin fin de tribus y reinos, y las guerras entre ellos eran algo habitual. Quizá por ello, los celtas eran grandes guerreros, y dieron muchos quebraderos de cabeza a sus enemigos, que eran, como siempre suele ocurrir, sus vecinos, es decir, los germanos y los romanos. 

Había dos tipos de pueblos celtas, por así decirlo: 

El primer grupo lo formaban aquellos que vivían en el continente, a saber, los galos, los belgas o los celtíberos entre otros. Estos celtas continentales desaparecieron, digamos, al ser conquistados por los romanos, que después de su victoria construyeron acueductos, puentes y calzadas, así como ciudades, haciendo que estos territorios pasaran a formar parte del imperio romano. Por eso hoy en día en Francia (donde estaban los irreductibles galos) se habla francés, que viene de la lengua que hablaban los romanos, el latín. Lo mismo ocurrió en la península ibérica, por lo que hoy apenas sabemos nada de nuestros valientes celtíberos.

El segundo grupo estaba compuesto por los celtas que cruzaron el canal de la Mancha y pasaron a las islas británicas, que como sabemos hoy día comprenden dos países diferentes, Gran Bretaña e Irlanda. A esta región europea los romanos llegaron mucho más tarde, al ser islas y además lejanas, y cuando lo hicieron, no dejaron una huella tan profunda como en Francia o España, por lo que los celtas que allí vivían no se extinguieron. Además, Irlanda y Escocia, entre otras regiones, jamás formaron parte del imperio Romano, con lo que sus habitantes pudieron seguir con sus costumbres varios siglos más. Incluso una vez cristianizados, las antiguas leyendas paganas siguieron vivas de alguna manera. Es más, fueron los propios monjes celtas quienes durante la Edad Media recopilaron los mitos de sus antepasados, poniéndolos por escrito en libros maravillosamente decorados, gracias a los cuales hoy día conocemos muchas cosas sobre su mitología. 

Los monjes celtas creían que la voluntad de Dios podía cambiarse si ponías mucho empeño en algo y lo deseabas mucho. Ellos pensaban que si eras capaz de hacer algo realmente fuera de lo normal, podrías cambiar tu destino. De ahí que siempre estuvieran viajando por el mundo en busca de nuevas tierras que evangelizar o recopilando viejas leyendas con fervor incansable. En este sentido eran herederos de los grandes guerreros celtas, como Cuchulainn o Arturo, que con sus proezas lograron cambiar el mundo mágico en el que vivieron.

domingo, 13 de noviembre de 2011

LOS MUSULMANES CONQUISTAN LA PENÍNSULA IBÉRICA (2º ESO)





El periodo medieval tiene en España unas características muy diferentes a las del resto de Europa, ya que, en nuestro caso, estará marcado por la presencia musulmana, lo cual hará que nuestra Edad Media sea realmente original, a la par que fascinante.

¿Cómo comenzó todo? O mejor dicho, ¿cómo y por qué llegaron los musulmanes hasta la península ibérica? Pues bien, debemos situarnos en el contexto de la expansión del Islám. Ya sabemos que en el 632 muere Mahoma en la Meca, es decir en Arabia, y que a raíz de este acontecimiento, los musulmanes, fortalecidos por sus nuevas creencias y deseosos de darlas a conocer, se expandieron por buena parte del mundo, llegando hasta los confines de la India por el este y hasta el norte de África por el oeste. Cuando estaban en el actual Marruecos, que ya sabemos que está a tan solo unos kilómetros de nuestras costas, les llegaron noticias de la situación de la península y decidieron cruzar el estrecho, para así continuar su expansión, en este caso por Europa.

Ya sabemos que Europa en aquel momento estaba dividida en diferentes reinos bárbaros, que, como sabemos, no habían conseguido un grado de desarrollo tan importante como los romanos o los bizantinos. Tan solo los francos, sobre todo a raíz de la instauración del imperio carolingio, eran lo suficientemente poderosos para hacer frente a una amenaza exterior -de hecho así lo demostraron cuando detuvieron a los musulmanes en Poitiers en el 732 -. El reino bárbaro que había en nuestra península era el de los visigodos, como sabemos. ¿Eran los godos lo suficientemente fuertes para detener la oleada imparable del Islám como hicieron los francos? Pues no, y vamos a ver por qué.

Para empezar, la mayoría de los habitantes de la península eran gentes de costumbres romanas, o sea, que hablaban latín y eran cristianos, básicamente, mientras que los godos eran la minoría gobernante. La elite, digamos, que no era muy bien vista por la población, debido a las continuas guerras civiles que asolaban su territorio y a los altos impuestos que debían de pagar. Peor estaban los judíos, de los cuales había unos cuantos también, y a los que se privó de todo tipo de derechos. Además de godos, romanos y judíos, debemos hablar de los pueblos norteños que eran tribus belicosas y celosas de su independencia. Al llegar los musulmanes, serán estas tribus las que primero plantarán cara al invasor con éxito, como antes hicieron contra romanos y godos.

Con este panorama no es de extrañar que los musulmanes pensaran que el reino visigodo era una presa fácil. Si en la península ibérica no eran capaces de gobernarse a sí mismos, difícilmente iban a poder defenderse.





viernes, 21 de octubre de 2011

CARACTERÍSTICAS DEL ARTE ISLÁMICO (2º ESO)








El arte islámico se inicia a partir del 622, que como sabemos es la fecha en la cual Mahoma huye de la Meca hacia Medina.

Los musulmanes eran, muchos de ellos,  pueblos nómadas del desierto, por lo que no habían tenido la posibilidad de elaborar un arte propio importante, como sí habían hecho los romanos, sus herederos bizantinos o incluso los bárbaros de occidente. Esto cambia después de la muerte de Mahoma (630), ya que las tribus de Arabia se expandirán más allá de sus fronteras inspirados por el espíritu de la Yihad o guerra santa, pasando pronto a dominar otros pueblos como los persas o los bizantinos.

Tenemos por lo tanto a gentes guerreras del desierto que de pronto tienen que gobernar extensos territorios, por lo que deberán construir palacios, cuarteles, y por supuesto mezquitas.

Pero, ¿cómo iban a construir todas esas cosas sin tener un arte propio?, ¿qué estilos utilizarían? Pues bien, lo que los árabes harán será adaptarse al arte de las distintas zonas sometidas. Es como si les copiaran un poco. Así en las regiones bizantinas construirán mezquitas de estilo greco – romano, como por ejemplo la de Damasco, en Siria, y en Persia harán lo mismo. Incluso en España imitarán el estilo de los visigodos, utilizando el arco de herradura (como vemos en la mezquita de Córdoba por ejemplo) que era típico de este pueblo germánico. Esto no quiere decir que fueran unos meros imitadores, sino que tomarán como modelo el arte de los pueblos conquistados para luego elaborar uno propio y realmente original.

Otra característica importante del arte islámico es la pobreza de los materiales que usan. Ellos son pueblos del desierto, como hemos dicho, y allí no tenían la posibilidad de construir con piedra o mármol como los romanos o los bizantinos, así que usarán materiales más baratos como el ladrillo o el yeso. Pero esto no quiere decir que sus edificios fueran simples o antiestéticos, si no todo lo contrario, ya que los musulmanes decorarán mucho sus construcciones para que no se note la pobreza de los materiales. Esta exacerbación decorativa se notará sobre todo en el interior de sus edificios, ya que por fuera no son demasiado llamativos, sin embargo la sorpresa está dentro, en donde lo decorativo lo invadirá todo. Los temas de esta decoración suelen ser de carácter vegetal presentados de forma estilizada (atauriques), de trazado epigráfico (formando letras), también geométrico con dibujos de lazo (lacería), destacando también la decoración de sebka (a base de rombos mixtilíneos).

Este decorativismo tan recargado les lleva a utilizar muchos tipos de arcos, con diferentes formas: arcos de herradura, lobulados, mixtilíneos o de medio punto peraltados son los más importantes. Fijaos qué diferencia con los romanos, bizantinos o carolingios, que usaban el arco de medio punto casi en exclusiva.

Una última característica del arte musulmán será el uso de la bóveda, la cual será para ellos muy fácil de construir debido a que los materiales que usan (por ser pobres) son muy ligeros. Así habrá muchos tipos, aunque los más importantes serán la bóveda de crucería califal y la de mocárabes (cuya decoración parece imitar las estalactitas de las cuevas).

viernes, 14 de octubre de 2011

LA VIDA EN EL DESIERTO DE ARABIA (2º ESO)










Contrariamente a los árabes sedentarios que viven en ciudades como Medina o la Meca, dedicados principalmente al comercio, o aquellos que viven en las regiones del sur, como Yemen, cuyo escaso pero suficiente régimen de lluvias permite cierta agricultura, las gentes del desierto, los beduínos, son nómadas, es decir, van de un lado a otro en busca de los mejores pastos para su ganado y a la vez luchan entre sí por el control de los pozos de agua.

El agua es el verdadero oro del desierto, pues permite no solo crecer los pastos, sino dar de beber a hombres y animales. Tanto es así, que allá donde hay un pozo suele establecerse un campamento permanente. No debemos confundir los pozos con los oasis. Los primeros son excavados artificialmente por el hombre y pueden sobrepasar los 70 metros de profundidad. En los oasis por el contrario, el agua brota de manera natural, y en sus márgenes suelen surgir aldeas y ciudades en donde los beduínos van a abastecerse y a intercambiar productos.

El beduíno conoce muy bien el desierto, aunque su vida es muy dura, ya que está condenado a peregrinar de pozo en pozo para subsistir. Es un medio muy difícil, por lo que los nómadas a veces pasaban hambre y necesidades, llegando a extremos como el infanticidio femenino. Esto sin embargo les hacía resistentes y orgullosos, así como grandes guerreros.

Su carácter belicoso presidía también sus relaciones con otros pueblos:

Así, frente a los sedentarios ejercían funciones protectoras a cambio de un tributo, lo que hoy conoceríamos como extorsión, o sea, dame dátiles, tejidos, harinas etc. y yo a cambio simplemente no te ataco ni destruyo tu aldea. Este tipo de protección también se extendía a las caravanas, que traían productos exóticos de sitios lejanos como Persia o incluso China. El sistema era el mismo: págame para que no te robe, mientras te defiendo de los ladrones – que suelen ser así mismo beduínos como ellos -.

A parte de estas funciones protectoras  - de tipo mafioso que diríamos hoy -, a veces atacaban directamente a las caravanas o a otras tribus nómadas. Es lo que se conoce como algara (palabra que significa ataque o incursión rápida) y que es una de tantas palabras de origen árabe que usamos hoy en nuestro castellano. Las algaras se basan en el elemento sorpresa, a fin de robar ganado o personas, mujeres y niños por los que luego pedirían rescate o bien venderían como esclavos.

Esta forma de hacer la guerra, rápida y por sorpresa, es la que permitió a los árabes expandir su nueva religión, el Islám, más allá de sus fronteras con gran rapidez, así apenas un siglo después de la muerte de Mahoma (632), los musulmanes controlaban los territorios que iban desde la península ibérica hasta la India, incluyendo el norte de África, y gran parte de los imperios bizantino y persa.

viernes, 22 de julio de 2011

RUS DE KIEV O LA PRIMERA RUSIA (II) De Novgorod a Kiev






Según la Crónica de Nestor, que es un compendio de crónicas bizantinas, nórdicas y leyendas varias, escrita en el siglo XII, los habitantes de la región de Novgorod y Ladoga, al este del Báltico, pidieron ayuda a los Rus, un grupo de varegos o vikingos que merodeaba por la zona para que mediaran en las disputas que tenían entre ellos. Es de creer que alguna de las facciones en conflicto quisiera aprovechar la fortaleza militar de los Rus para hacerse con el poder en la zona, pero, como suele ser habitual, los recién llegados, viendo la debilidad de sus anfitriones, se hicieran con el control de tan rica y vasta región. Ejemplos como estos sobran en la Historia siempre con idéntico resultado, así los vitizianos llamaron a los musulmanes de Tarik para ayudarles contra Rodrigo, y los norteafricanos acabaron por conquistar Hispania. De parecida manera llegaron (leyenda o no) los anglosajones a Britania, los normandos a Irlanda o los almorávides a las taifas hispanas, siempre invitados desde dentro. La Crónica de Nestor no entra en detalles sobre este particular, pero el caso es que los vikingos también fueron invitados. En principio los Rus parece ser que habían sometido a tributo a estas tribus eslavas y finesas, por lo que éstas acabaron por echarles al mar. Sin embargo, ante la inestabilidad política y las luchas tribales, en donde nadie parecía ponerse de acuerdo, los nativos decidieron invitar de nuevo a los escandinavos para que mediaran en sus disputas ejerciendo de jueces, es decir, para que les gobernaran. Así fue, y los vikingos se adueñaron del país fundando una serie de señoríos, más o menos afortunados, uno de los cuales daría lugar al Principado de Novgorod.


Algunos autores afirman que este estado fue esencialmente una empresa comercial que surgió de las necesidades mutuas de las gentes de Novgorod y de una banda de vikingos en busca de trabajo. La región ofrecía grandes expectativas comerciales debido a su lugar estratégico, ya que mediante los ríos, las grandes arterias de Rusia, estaban en contacto con el Báltico y el Mediterráneo, el mar Blanco y el Caspio, y por lo tanto en plena ruta comercial con Escandinavia, Bizancio y el mundo musulmán, y además en una región cuya riqueza en materias primas no tenía límite - pieles, ámbar, miel, cera o esclavos -. Lo único que se necesitaba era seguridad en las rutas frente a bandidos y salteadores, y aquí es donde entraban los vikingos.


La figura que acaudillaba a estos varegos es cierto Rurik. La única referencia que tenemos de él es la ya mencionada Crónica de Nestor, por lo que bien pudiera tratarse de un personaje legendario, a pesar de que muchos autores lo identifican con Rurik de Dorestad, un jefe danés con larga experiencia como saqueador en Europa occidental y las islas británicas. Hasta ahora ninguna evidencia histórica nos hace pensar en que sean el mismo personaje y, de serlo, tampoco sabemos por qué recaló de pronto en el Báltico oriental, tan alejado de los intereses que él y su familia tenían en el Atlántico.


El caso es que a partir de la llegada de los rus y la creación de Novgorod, se fundó una dinastía, llamada rúrikida, que regirá los destinos del Principado de Kiev y luego de Moscú - primera y segunda rusias - hasta finales del siglo XVI, cuando serán relevados por los Romanov.


De lo que no hay duda es que, a partir de la llegada de los rus en el 856, apreciamos cierta unidad de actuación en la zona. Los varegos se conformaron en una casta guerrera que dotó de gran dinamismo a la región, que veía expandir sus intereses a la par que los drakkars surcaban los ríos rusos. Así pronto unificaron todo el área septentrional bajo un mismo poder político – haciendo al fin y al cabo lo que la población local les había pedido – y pronto estuvieron en condiciones no solo de comerciar con otros pueblos, sino de rivalizar con ellos a nivel militar. Uno de estos pueblos eran los poderosos Jázaros, un pueblo búlgaro - túrquico de las estepas de la región comprendida entre el Don y el Volga, al norte del Cáucaso, que eran además tradicionales aliados de los bizantinos. La primera toma de fuerza entre rusos y jázaros tendrá lugar tan solo dos años después - lo que da idea del rápido desarrollo de Novgorod como fuerza a tener en cuenta -. En efecto, en el 858, los jefes rus Askold y Dir conquistan el estratégico enclave de Kiev, que si bien no pertenecía a los jázaros sí les pagaba tributo, para en el año 860 lanzarse sobre la misma Constantinopla. Un libro escrito por el erudito emperador Constantino VII algunas décadas después, habla de la llegada de 200 barcos y 8.000 hombres a las puertas de la capital bizantina. Aunque acabaron chocándose contra las murallas y la expedición fue un fracaso, este hecho nos da una idea del enorme desarrollo experimentado en unos pocos años por parte del principado de Novgorod, hasta el punto de constituir un elemento desestabilizador en la región del mar Negro.


A pesar de estos avances, un estado no se crea de la noche a la mañana, y solo la labor concienzuda de príncipes más o menos carismáticos logrará la consolidación de esta reciente entidad política. Uno de estos príncipes fue Oleg, llamado el Sabio, y una de las primeras acciones de su largo reinado (879 – 912) fue la conquista de Kiev. Recordemos que la ciudad ya se encontraba en manos varegas desde el 858, lo cual nos informa posiblemente de la existencia de discrepancias también en el seno de los rus, y de que el nuevo estado estaba aún en una fase amateur, digamos, a falta de algunas décadas para madurar definitivamente y alcanzar su esplendor definitivo, en torno al año 1000. Prácticamente nada se sabe de esta discrepancia interna, aunque seguramente Bizancio, tan cerca ya de Kiev, no fue ajeno a este hecho, quizá alentando la independencia de los varegos kievanos frente a los del norte. Se ha llegado también a sugerir que la expansión del cristianismo entre los gobernantes varegos de Kiev, merced a misioneros bizantinos, pudo provocar la reacción de los rus norteños, aún paganos, y por lo tanto la conquista de la ciudad a manos de Oleg el Sabio en el 882.


Sea como fuere, y conocedor de las posibilidades comerciales que ofrecía la rica Kiev, así como por su posición estratégica envidiable, Oleg hizo de ella su capital, unificando a la vez el norte y el sur bajo su dominio.

jueves, 21 de julio de 2011

RUS DE KIEV O LA PRIMERA RUSIA (I) Cuestiones terminológicas: varegos y rus










Como en todas las grandes invasiones que sufrió Europa desde que Roma dejó de existir como imperio, los recién llegados buscaron tierras principalmente. Es cierto que en principio eran grupos belicosos que asolaban las fronteras de los países más ricos y civilizados, pero con el tiempo se acabaron instalando en una región determinada para fundar sus propios estados. Así francos, lombardos o anglosajones aún a día de hoy perviven en cierto modo gracias a los nombres que dejaron a diferentes regiones y países europeos. En el caso de las llamadas Segundas Invasiones, que acontecieron varios siglos después, las aspiraciones de los bárbaros no eran muy diferentes. Incluso un pueblo tradicionalmente nómada como los magiares acabó por asentarse en Panonia para integrarse en el orbe cristiano feudal europeo. Los vikingos, los otros grandes bárbaros del momento, tampoco fueron ajenos a este proceso, siendo además su proyección territorial mucho mayor y dando lugar a estados cristianos diferentes que, en torno al año 1000, iban desde Islanda hasta el Volga, y desde Escandinavia a Sicilia.

Tradicionalmente se asocia a los vikingos suecos la llegada a tierras del Báltico oriental para dar lugar, andando el tiempo, a la formación del estado que conocemos como Rus de Kiev o primera Rusia. Estos suecos son conocidos como Varegos en muchas de las fuentes primarias que manejamos para este periodo, como la Crónica de Nestor (eslava) entre otras. De todas formas hay mucha controversia sobre este término, ya que muchas veces Varego se usaba para designar a cualquier navegante, nórdico (germano) o eslavo, que surcara las tierras de los grandes ríos entre el Mar Báltico y el mar Negro y el Caspio, y comúnmente se les identificaba como piratas y comerciantes. En general podemos decir que era una acepción oriental y asiática para hablar de los pueblos del norte.

La palabra Rus sin embargo sí tiene una definición más concreta, y parece hacer referencia al grupo de nórdicos que se instalaron al este del Báltico procedentes de Escandinavia para de ahí moverse a placer por los ríos rusos. Estos Rus saquearon y comerciaron por un amplio territorio, figurando por tanto no solo en las fuentes eslavas, sino también bizantinas, judías y musulmanas.











jueves, 2 de junio de 2011

HENRY KAMEN Y EL IMPERIO ESPAÑOL


 




Como todos los hispanistas, Henry Kamen, junto con Parker, Elliot o Preston entre otros, son muchas veces de gran utilidad tanto para la historiografía española como para todos los que disfrutamos la Historia o tenemos ciertas inquietudes culturales. Su labor consiste principalmente en abrirnos los ojos y ofrecernos, a los españoles, una visión menos apasionada y con diferente perspectiva de nuestro pasado, algo muy necesario en estos tiempos de manipulación por parte de pseudohistoriadores y periodistas que dicen ser historiadores, que hacen y deshacen nuestra memoria a placer, muchas veces además con el beneplácito o pasividad de los poderes públicos.

Esto no quiere decir que sea oro todo lo que reluce, y que los hispanistas estén en posesión de la verdad absoluta. Pero sí es cierto que muchas veces da un poco de vergüenza que tengan que venir aquí los ingleses a poner orden en nuestras cosas con ideas frescas y claras mientras nuestros historiadores aún discuten sobre el sexo de los ángeles, por así decirlo.

Mr Kamen quizá sea el hispanista más conocido, y también el más asequible al gran público. Pero ya he dicho que no es oro todo lo que reluce.

Concretamente me gustaría reseñar uno de sus libros más famosos: Spain´s Road To Empire, (traducido en nuestro país como Imperio), y que dejó desde el momento de su publicación algunos detractores por sus polémicas afirmaciones, llegando a decir que no podemos hablar de “conquista” de América, entre otras cosas.

Para empezar me gustaría decir que el libro en cuestión es muy ameno y de fácil lectura, y que ofrece una visión muy interesante - y personal - de la Historia de España desde los Reyes Católicos hasta el reinado de Carlos III. Vaya eso por delante. Sin embargo la impresión que he tenido según leía sus páginas es la de cierta necesidad, por parte del autor, de desmontar, una tras una, todas las premisas sobre las que se fundamenta nuestra Historia. Esto puede ser positivo, pues echa por tierra muchos mitos, sin embargo denoto cierto ensañamiento, muy sutil, no tanto contra el Imperio en sí - que como Kamen bien dice estaba formado por muchas naciones – sino contra los españoles en particular, y más concretamente contra aquellos que conformaban la vieja Castilla - la cultura hegemónica peninsular en aquel momento – ya sean castellanos, extremeños o andaluces, es decir, castellanoparlantes. Así minimiza su actuación en la conquista de América en todo momento, a favor de los aliados indígenas, siendo también más benévolo con otros peninsulares como los catalanes y portugueses en lo que a asuntos europeos se refiere, negando así a la Península una identidad común, que si bien no se manifestaba aún en lo político, sí existía en la mentalidad de muchos de los hombres que poblaron el solar ibérico, desde Marcial a Isidoro de Sevilla, y así hasta Cervantes o Jovellanos.

Ejemplos de que los españoles no estaban solos en la construcción del imperio abundan en toda la obra. Así la conquista de México solo fue posible gracias a la ayuda de los tlaxcatecas entre otros, y el sometimiento de los mayas ha de agradecerse a los guerreros nahuas, a parte de que las elites locales muchas veces colaboraron y ayudaron de buena fe a los conquistadores, los cuales, por sí solos, no habrían hecho nada, y esto es muy cierto, sin embargo apenas se menciona la capacidad organizativa, logística y diplomática de los peninsulares, mientras que su evidente superioridad militar queda atenuada en el texto, ya que Mr Kamen dice que las armas de fuego y los caballos fueron usados más como un arma intimidatoria que real, y que, si acaso, fueron las enfermedades europeas las que diezmaron a la población indígena - viejo mito que no desmonta y que saca de contexto – más que la pericia militar de unos hombres que según el hispanista no eran ni siquiera soldados, sino artesanos, campesinos, marineros, comerciantes o notarios. Supongo que se refiere en este punto a que no eran militares profesionales, como los tercios, pero yo creo que los que conformaban la hueste indiana fueron tan valientes, despiadados y crueles como cualquier guerrero, llámese soldado o no.

Hablando de Europa, Mr Kamen ensalza la multinacionalidad del Imperio, que estaba formado también por catalanes, italianos, portugueses, flamencos o alemanes. Fue la colaboración internacional la que hizo posible esta gran empresa, así muchas de las conquistas fueron posible gracias a la ayuda - desde luego no desinteresada - de banqueros extranjeros, mientras que afirma que los mejores generales del imperio fueron italianos como Farnesio o Spínola o alemanes como Juan de Austria. Este último sin embargo, aunque nacido en Ratisbona, vino a España con cinco años por deseo expreso de su padre el emperador Carlos, y se crió en un castillo cercano a Valladolid con preceptores españoles y completó su educación más tarde en la Universidad de Alcalá de Henares, en donde coincidió, por cierto, con el ya citado Farnesio, nieto del emperador - y sobrino suyo -. Otros grandes generales como Gonzalo Fernández de Córdoba o el propio Cortés nacieron directamente en suelo hispano.

Algo positivo, sin embargo, de la obra de Kamen es que a la hora de abordar las muchas derrotas sufridas por el imperio en cuestión, sigue insistiendo en la presencia y colaboración de otros pueblos y naciones. Vamos, que si Lepanto no fue una victoria únicamente española, tampoco fueron fracasos exclusivos de los peninsulares los sucesos de la Gran Armada, la Noche Triste o la fallida expedición contra Argel de 1541 – por poner tres ejemplos – en donde Mr Kamen deja muy claro que de las 65 galeras que conformaban la expedición, 12.000 marineros y 24.000 soldados, dos tercios serían italianos y alemanes, mientras que las fuerzas españolas harían el tercio restante bajo las órdenes del condottiero Ferrante Gonzaga.

En general, podemos decir que, según Kamen lo que conocemos como imperio español no fue una empresa única de los peninsulares, sino que la colaboración de otras gentes fue fundamental. Esto queda patente sobre todo cuando habla de la conquista de América, en donde la colaboración indígena fue crucial. Sin embargo yo opino que todos los imperios se construyen con la ayuda de otros pueblos y nadie duda de su legitimidad. Roma siempre contó con tropas auxiliares en sus legiones, llegando a veces éstas a representar un número muy superior al de ciudadanos propiamente dichos, y contó en muchas ocasiones con la colaboración de las elites de los pueblos que conquistaba, sin embargo nadie resta a Roma su importancia. Los carolingios contaron en su Escuela Palatina con sabios y colaboradores de toda Europa como Alcuíno de York, Pedro de Pisa o Juan Escoto Erígena, lo cual es siempre bueno, sin emnabrgo nadie discute el carácter franco y germánico del imperio fundado por Carlomagno. Si hablamos del imperio ruso, al que Kamen saca muy sabiamente muchos parecidos con el español, su expansión por Siberia hasta llegar al mar del Japón contó también con la ayuda de otros pueblos que en aquel tiempo, siglo XVI, no podían ser considerados como rusos – o más propiamente moscovitas – como los tártaros o los cosacos. Respecto a estos últimos, Mr Kamen tampoco los llamaría soldados sino campesinos, teniendo en cuenta que se pasaban buena parte del año buscando pastos o cultivando las fértiles tierras de la estepa, sin embargo esos campesinos echaron sobre sus espaldas buena parte de la conquista del imperio más extenso de la Historia, y desde mi punto de vista fueron unos guerreros formidables. Se los llame o no soldados.